En cambio, yo prefiero invertir la proposición y formularla así: 3) "todo efecto tiene su causa". Y pienso que esta afirmación es unívoca e independiente del tiempo. Intentaré justificar esta convicción, evitando la indudable carga conceptual que subyace en el término, tanto desde el ámbito de la Ciencia como de la Filosofía, utilizando la imagen del chico saltador. Por lo tanto, la causa que analizamos es "el salto", la acción de "saltar por encima de un taburete". Esto significa que nos vamos a olvidar de la mecánica cuántica, de la incertidumbre, de los experimentos con gatos y de la mariposa que causa tornados en los antípodas.
1) "Toda causa produce UN efecto". La indeterminación indica que no sabemos si produce uno o muchos y la califico de cierta y atemporal. Expresada en estos estrictos términos, quiere decir que el salto del taburete "puede" provocar múltiples efectos en el niño. Y, antes de que se produzca, es imposible especular sobre ellos. Puede provocar, en el mejor de los casos, satisfacción por conseguirlo. Pero también se puede romper la nariz, un brazo o una pierna.
Esta reflexión me hace rechazar la causalidad "directa" o "inductiva", que proyectándose hacia el futuro, presenta un fuerte tufo a predicción. Esta causalidad la practican, entre otros, las pitonisas, los economistas y los políticos.
2) "Toda causa produce SU efecto". La considero válida únicamente cuando el efecto ya es conocido. Es decir, cuando el chico ya se ha roto la nariz. Podemos afirmar que la causa raíz (1) del estropicio reside en el salto del taburete. Las madres lo saben bien. También saben que, entre la rotura de la nariz y el momento previo al salto, pueden existir innumerables causas, las cuales, probablemente, quedarán sin determinar (poco impulso, resbalón previo, zapatos inadecuados, distancia inadecuada, suelo mojado, etc., etc.). Imaginemos la investigación de un accidente de aviación. Y con esta segunda frase, nos vamos a la tercera, a la que considero una simple variante, aunque más ajustada a la realidad.
3) "Todo efecto tiene su causa". Daremos por válidas todas las reflexiones dedicadas a la frase anterior, puntualizando que a esta forma de entender la causalidad la defino como "inversa " o "deductiva" porque se dirige hacia el pasado, implicando una investigación de los hechos consumados. Me gusta y la practicamos, entre otros, la policía y, con poco éxito, las comisiones del Senado.
Terminaremos con alguna reflexión sobre la importancia de conocer (investigar) las causas de los desaguisados. Equivocadamente, le concedemos más atención a los efectos que a las causas. Para preocuparnos de llevar al chico a Urgencias no se precisa demasiada sagacidad. Pero debemos conocer la causa. Si ignoramos que reside en saltar un taburete, difícilmente podremos intentar que nunca más se rompa la nariz por "saltar un taburete". Quizá se la romperá por otra causa, pero no por esa. Eliminar la causa es la única forma de evitar la recurrencia de un problema.
Como colofón, dedicado a rigurosos y detallistas (y a madres tolerantes), si hubiésemos "investigado" e identificado una causa intermedia entre el salto y el estropicio, en lugar de prohibirle saltar el taburete, prepararíamos el mejor entorno para el salto (suelo seco, zapatillas de salto, marcar la línea de salida, un buen bocadillo en el desayuno, etc.) y así facilitaríamos su autorealización y la ausencia de traumas futuros.
En resumen, frase propia:
"Desde el presente, no podemos conocer el efecto de una causa, pero sí podemos investigar la causa de un efecto"
1.- La causa raíz es la más alejada del efecto sobre la que tenemos control. Es decir, que la podemos eliminar.






